Viva San Fermín!

A San Fermín pedimos
por ser nuestro patrón,
nos guíe en el encierro
nos de su bendición…
La fiesta había empezado de veras, y durante siete días no paró, ni de día ni de noche.
No se paraba de bailar, ni de beber, el barullo era constante. Ocurrieron cosas que sólo podían haber ocurrido durante una fiesta.

Al final, todo se volvió irreal: parecía como si nada pudiera tener consecuencias, como si pensar en consecuencias durante la fiesta estuviera fuera de lugar. Uno experimentaba siempre, incluso en los momentos de calma, la sensación de que tenía que gritar para que se oyeran sus palabras. Y lo mismo ocurría con cualquier otra cosa que se hiciera. Fue una fiestaque duró siete días

Fiesta, como bien la definió Hemingway,  se trata de una celebración masiva, que mezcla  historia, con  religión, paganismo y  misticismo, con pragmatismo, ilusión con realidad, magia y arte.
Tal vez por eso es tan conocida y tiene tanta proyección .
En un contacto tangencial con ella, ya que la encontré un poco masiva,  como para meterme de lleno en sus actividades, tuve la certeza de que es algo que resalta lo sublime y  lo mundano de lo humano, el saldo diario de heridos aún en pleno siglo veintiuno,  nos habla de violencia inherente que conlleva, que bien visto unos cuantos heridos en una fiesta donde asiste mas de un millón de personas, y se congregan en un espacio minúsculo del casco de una ciuda de doscientos mil habitantes, informa de la magia que lleva esta fiesta.
Fuente además vida comercial y de todo lo que conlleva las agrupaciones humanas. Tiene sus rituales,  y es sorprendente que  se logre hacer que tantas personas los cumplan a cabalidad,  desde el momento de llevar el pañuelo, pasando por la vestimenta, culminando con el comportamiento en los encierros, corridas y  procesiones.
El olor a resaca es tal vez una de las cosas  omnipresentes, y es que en una fiesta tan larga, coiciden en un mismo tiempo a todas horas diversos  estados de embriaguez, y se banaliza el intelecto, en una  orgía de excesos que tiene su climax en diferentes etapas y horas del día.
Los excesos en el comer y en el beber y la despreocupación por medio circundante termina en calles bañadas de basuras y desechos humanos,   a pesar de los esfuerzos de los equipos de limpieza, la infraestructura de baños públicos y servicios, que funcionan  contínuamente, permitiendo que la vida contínue,  pues sin ello  se paralizaría la ciudad en las primeras 24 horas.
Los pamplonicas disfrutan de su fiesta que ocurre en varias dimensiones  a la vez y se encuentra espacio y tiempo diferentes para todos los gustos y edades.
Esfuerzo magno de organización, que incluye múltiples equipos y especialistas, garantizan el buen funcionamiento de esta bacanal celebración.
En fin una experiencia de vida enriquecedora pero que como todo en la vida puede pasarnos factura si no tomamos previsiones.
Se trata de una fiesta taurina, comercial y religiosa como dice algún panfleto, simboliza el enfrentamiento entre el débil, el hombre y el fuerte, el toro, entre el ser mortal  y la representación de un dios. A su alrededor se encuentran consideraciones religiosas, comerciales y hasta políticas.
¡Gora San Fermín!


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