Requiem (Jesús Zurita Peralta)

El poder de las palabras
la atracción, lo cierto de aquello que dices a diario,
la vida entre el amor y el odio.

Siempre inclina la balanza, hacia el lado malo,
enferman los infelices,
no se inoculan desde afuera enfermedades,
el germen es interno y lo activa la arrogancia,
la soberbia, la maldad, la terca necesidad de separar.

El germen es interno y lo activa el resentimiento y la rabia,
no te burlas de todos, siendo irónico, agresivo y vulgar
y te vas a marchar sin padecer un rato.
Aquí se pierde aquello de lo que haces alardes.

Si la voz fue tu arma, pues pierdes la forma de expresarte,
si fuiste dando golpes a diario, perderás fuerza en las manos
si eras mediático tendrás que ir al anonimato,
pero si querías trascender sin definir estatus,
serás recordado con mil versiones y objeto de alabo o desagravio.

Ser un mito no siempre es asunto barato.
acaba lo físico, acaba el espacio, pasas a lo abstracto,
entre cielo y averno está la transición del Purgatorio de Dante,
de tanto citarla y despreciarla te llego la hora de sentir su encanto.

Representas como nadie un colectivo, eres el líder del caos,
ojala que con tu fin se acabe un modelo que hizo mucho daño,
Aunque no estoy convencido que sea el final de algo,
falta mucha genialidad y mucha locura para entender lo que está pasando.

Crueldad o cruel realidad, pedazos de verdades que muestran partes,
muestran algo que no estamos mirando, porque estamos cegados.
País detenido frente a su horizontal desgracia, ahora desfilando,
país concurrido y aglutinado en distintas formas de llanto,
el de la madre que pierde al hijo a manos del hampa,
el de las desgracias a diario, el del culto y la apología al insulto,
el de las lágrimas comprimidas y el protagonismo insano,
el del llanto acumulado por años.

El desfile de calamidades ordenadas,
recordando el adiós previo y el llanto de miles de almas
y finalmente el “por ahora” se convirtió en “hasta nunca”
y finalmente triunfa el poder de la palabra.
Es el único triunfo consagrado entre tantos fracasos.

Quedas para adornar recuerdos, altares, fabulas y
hasta para justificar más desgracias o nuevas fechas patrias,
el pueblo llora, añora, y convierte a sus líderes en esclavos,
te vas y se desata la manada, es tiempo de tomar palco.

Es tiempo para mirar a la distancia,
los protagonistas están sobrando y están todos contados.
Dios nos tome confesados

Jesús Zurita Peralta, 8 de marzo de 2013, sin más comentarios.

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