Reflexiones en lo inmediato (Jesús Zurita Peralta)

Es muy pronto quizás para escribir algo sensato y objetivo sobre los hechos recientes, las épocas de luto, compartidas o no, son así, momentos que obligan a hacer pausas. La muerte es parte de la vida y no entiendo mucho la obsesión de inmortalidad que persiguen algunos y otros complacen, a los extremistas, por la razón que sea, les encantan las momias y la presencia física de los muertos que le dan legitimidad a sus herederos y extienden su permanencia en el poder. Hasta que al final esas momias estorban y van a parar a donde tienen que ir, al sepulcro.
Aun con lo fresco de las imágenes recientes de las pompas funerarias cargadas de solemnidad, ligera falsedad o exageración, creo que la muerte de Chávez no cambia nada, para mí, el sigue siendo lo que era, mi opinión no la cambia esa insana costumbre de hacer de los muertos seres perfectos y a quienes deben perdonarse errores o desagravios. Él fue, como nadie, el cultor de la retórica del odio y el resentimiento como modelo político, fue el reinventor del militarismo y el caudillismo como solución, bajo la consigna del socialismo del siglo XXI, fue el cultor del personalismo y el show mediático, fue quien legalizó el delito y la impunidad como solución contra la pobreza que gobierno/estado no logran combatir, es cierto que dio protagonismo a los pobres y marginados, pero un protagonismo cargado de violencia y resentimiento con dosis excesivas de odio inoculado, despertó la necesidad de ocuparnos de lo social, de las desigualdades sociales, pero también demostró que ese interés resulta un negocio lucrativo y una solución para hacer ricos a un puñado de resentidos oportunistas o hacer más ricos aun a otros burócratas no tan convencidos de lo que significa revolución y socialismo, pero que entendieron que con esa retórica acaban con las carencias, las de sus propios balances personales. Bajo el régimen de Chávez se promovió lo ilícito con ínfulas de legalidad y se legitimó el uso excesivo de la palabra y el abuso. Parafraseando a Cabrujas con su célebre frase de que no hubo un día más venezolano que el 27F podríamos decir que no hubo, por ahora, un régimen más venezolano que el de los 14 años de Chávez.
La muerte de Chávez deja más realidades develadas, su régimen no será menos malo por el hecho de ya no estar físicamente, y hago distinción entre lo que significa físico y espiritual, porque su presencia espiritual será prolongada. Tampoco su muerte deja a la oposición en alguna mejor ventaja para otro proceso electoral en el que seguramente serán derrotados por un nuevo tipo de voto emotivo, el voto herencia, el voto sentimental, el voto legado, el voto divino, el voto en las exigencias del autoritarismo del más allá que será una nueva forma de gobierno mediocre en el triunvirato cívico-militar-religioso de la Era Juan Bimba.
Las lecciones están claras, todos debemos derrocar el odio, el odio que está en nosotros mismos, odio incrustado en todos los estratos sociales. La lección está clara, nada cambia eligiendo o cambiando presidentes porque los que estamos mal somos nosotros y nos negamos a aceptarlo, los gobiernos y sus líderes son el reflejo de nuestras realidades y necesidades, nos gobiernan los que nos convienen como mayorías y los que elegimos reflejan nuestros valores culturales, que están, dicho sea de paso, bastante trastocados o volteados.
Capriles perderá, no puede hacer país, no puede aglutinar voluntades, no tiene con quien lograrlo. Maduro triunfará, será nuestro nuevo chofer, literalmente. Ganará con los poderes usurpados y apoyado en el ventajismo de estado/gobierno, seguramente dará continuidad al legado de odio de su padrastro político llevándonos con firmeza por los caminos del caos invocando a cada rato la memoria del líder convenientemente momificado.
En lo inmediato nos quedan muchas interrogantes, la manera como se manejó la información en el proceso de enfermedad presidencial, hasta donde correspondía informar la verdad? Donde están los límites entre lo privado y lo público cuando enferma un funcionario y hombre público como es un jefe de estado? Quien debe informar? Quien cubre los gastos en la enfermedad de un funcionario público? Hasta donde llegan las obligaciones del estado para cubrir los gastos de enfermedad de un ciudadano común sin recursos y un ciudadano común en ejercicio de funciones públicas disponiendo de recursos de forma ilimitada? Por qué las desigualdades? Cuáles son los límites de la edición mediática del engaño?.
Aquí se abusó por igual de la buena fe de una gran parte de la congregación y feligresía barriozolana que tolera bien cualquier disparate, y también de una minoría de país pensante. Se nos dijo que había un presidente en ejercicio de funciones, que nombraba funcionarios, que firmaba decretos, y no tuvimos manera de comprobarlo, aquí se nos informó que el presidente se recuperaba, que hablaba con sus colaboradores más cercanos y sus familiares, se negó mil veces su enfermedad real, se habló de su derecho a ser atendido donde le diera la gana disponiendo ilimitadamente de los recursos del estado, hasta se generó culpa en la población atribuyendo su enfermedad a su dedicación por el pueblo y excesivo trabajo, o su exposición ingenua a las maldades de la oposición y los agentes imperiales. Aquí se jugó cínicamente con la información, según la cual, había un presidente que ya sanaba, que estaba “en franca mejoría y rehabilitándose”, se le otorgaba todo el tiempo necesario para su recuperación contraviniendo mandatos y exigencias constitucionales, se publicaron fotos de un hombre enfermo recuperado, se convocaron concentraciones para orar, se convocó a chamanes venidos de todas partes en viajes financiados con la chequera del gobierno, brujos celestiales y oradores profesionales para pedir por la recuperación de un enfermo encerrado en el hermetismo que convenía a unos cuantos. Se manipuló toda la información a la conveniencia de unos cuantos, para luego salir a anunciar la tragedia con palabras entrecortadas y mucho llanto, se me antoja que eran ellos mismos los más beneficiados con todo el mamotreto informativo. Aquí se usaron las instituciones, se usó al TSJ para legitimar o alcahuetear la imposibilidad de juramentar a un presidente electo, enfermo, ausente y se juramentó con complicidad y sin demoras a un presidente irrito, se le colocaron con premura los símbolos del poder político a un usurpador, y hasta hubo aplausos en medio del supuesto luto nacional que ellos mismos habían decretado, aquí la mentira viste traje de marca. Aquí pasó de todo, como siempre, y nunca pasa nada porque vamos olvidando muy rápido en la inmediatez de la risa o el llanto. Aquí reina la ignorancia y la desgracia, porque aquí hay un pobre pueblo manso.

Xen Ten Xiao, (Jesús Zurita Peralta, El Chaman de Güere) 11 de marzo de 2013

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