Febrero sangriento: (Jesús Zurita Peralta)

2014-02-16 15.50.11

En la historia contemporánea y reciente de Venezuela, febrero parece ser el mes escogido o el mes que tiene el atractivo necesario para las expresiones de descontento y crisis social. Una razón entre muchas que podrían explicarlo, es que luego de las vacaciones y fiestas decembrinas, el impacto de la inflación anual acumulada y los gastos excesivos o descontrolados, dejan el presupuesto familiar maltrecho, en cifras rojas. El mes siguiente es de inactividad e inercia porque el país no arranca después de la resaca navideña y de año nuevo y ya para febrero los problemas comunes agobian, se hacen inocultables, y obligan a entrar en razón o golpean de realidad a la masa, entonces en febrero el descontento se transforma en rabia, la rabia en impotencia, la impotencia en desproporción y la conciencia colectiva encuentra vías de drenaje no siempre compartidas para tantas emociones juntas.

El mes de febrero de 1989 abrió calendario con un país indignado ante la coronación del último presidente adeco en las postrimerías del puntofijismo, el reelegido CAP convirtió su juramentación en festividades desmedidas en medio de una crisis política, económica y social dramática, precedida por devaluación, inflación, corrupción, falsas promesas electorales transformadas en medidas económicas neoliberales de corte drástico conocidas como “el paquetazo”. El detonante entonces fue el anuncio del aumento de la gasolina, regalía con la que el  venezolano no negocia y aumento de pasajes que condujeron a un sismo social descontrolado cuyo epicentro fue la zona mirandina de Guarenas/Guatire y que rápidamente se propagó hasta Caracas y las principales ciudades del país con efecto dominó y energía de tsunami, eventos que se conocerían posteriormente como “el caracazo”. El episodio es conocido, analizado desde distintos argumentos, unas veces banalizado, criminalizado y otras tantas justificado o enaltecido y cuyo saldo de víctimas lamentables, aún hoy 25 años después, se desconocen y la cifra oscila, según las versiones, entre 300 o 3000 muertos a manos de la locura, la represión policial y militar, cuando los cuerpos de seguridad del estado, por orden superior, masacraron a un pueblo en su primer brote genuino de psicosis social y conducta criminal. No eran días para represión militar, pero lo fueron, sino para atención y acompañamiento psiquiátrico. De ahí en adelante, se diga lo que se quiera decir, esta sociedad no fue la misma. Muchos sectores se radicalizaron en el malandraje, el hamponato se convirtió en oficio y la criminalidad ha experimentado aumentos sostenidos anuales de su actividad con saldos progresivos de muertos que nos ubican entre los primeros en el ranking mundial de peligrosidad que hoy muestra la cifra record de 25 mil muertes para el año pasado. También sirvió el 27F del 89 para el surgimiento de una nueva casta política que en nombre de los pobres y excluidos alzó banderas de protestas y cambio coloreadas de rojo.

Los golpista del 92, que también eligieron febrero para su rebelión, hoy se dicen hijos del 27F del 89; convirtieron la semilla de la locura social de entonces como su génesis y el vientre que los hizo hijos de una madre soltera, abandonada y resentida. Son, por así decirlo, hijos de la psicosis y el drama, este último es un padre inexistente y con muchas caras. Son los hijos naturales del desastre y ese grito  desquiciado ha sido su consigna. Lo demás es historia referencial para otro momento.

Febrero de 2014 apareció con el antecedente de calamidades acumuladas, con tanta vigencia como su movimiento predecesor del 89, cronicidad en  desabastecimiento, corrupción, impunidad, inflación y devaluación con espasmódicos y tímidos anuncios de ajustes al precio de los combustibles, (ya no dicen gasolina ni por el carajo).

El gobierno actual de inMaduro y su clan no se deslastra de su sombra de ilegitimidad, ventajismo, populismo barato, regalías y farsa. Muestra constantemente su debilidad para solucionar crisis puntuales heredadas y de las que ellos mismos son culpables, no ofrecen alternativas reales de solución, constantemente se quedan en la oferta, los planes y no muestran resultados, creen más en las cifras maquilladas de organismos adeptos, desatienden el mensaje y clamor del pueblo que dicen representar, viven en el monologo y el soliloquio, tienen oídos para el lisonjeo, son reactivos a la crítica, (como buenos militares autoritarios) y desestiman constantemente una parte del pueblo que exige bienestar.

El gobierno vive en el discurso del modelo maltrecho del chavismo mediocre e ineficiente cuya única bandera ha sido la inclusión social mientras a ese pueblo le pide sacrificios en nombre de la patria que sirve para pocos y ya no alcanza para muchos. Febrero llegó agotado de discurso, con odio acumulado, separación, intolerancia, absurdo. Otra vez las masas reaccionaron, esta vez con más presencia desde sectores menos populares pero con impulso legítimo y numerosa participación, irrumpiendo en escena desde la masa estudiantil, tomó la calle y hoy cuando escribo, 16 días después, aun no la abandona. Este ha sido, en la historia clínica de la patria como paciente, su segunda manifestación o brote psicótico ante el fracaso de la terapia paliativa a la que fue inútilmente sometido para curar sus males. Nadie ha logrado controlar su locura o generarle paz y traer la medicina que haga el milagro.

A la fecha el descontento se ha combatido desde la GNB y la PNB  con desproporción e irrespeto a los DD HH, usando las armas del estado que son para la defensa de la soberanía, a los fines de amedrentar y reprimir grotescamente. Hoy cuando escribo, aviones militares, helicópteros y equipo militar adquirido con la justificación de defendernos de la invasión imperial, sobrevuelan y se usan en Caracas y las principales capitales del país para intimidar a sus compatriotas civiles y desarmados, jamás van a salir los militares bien parados de este nuevo agravio y abuso cometido contra el  pueblo.

Hoy ese pueblo alimenta su rabia con el maná del abuso y represión perpetuado el día anterior por nefastos miembros de la GNB que atacan y actúan contra manifestantes civiles, que en protestas legítimos, ajustados a derecho, en el marco constitucional que ampara las manifestaciones, y que prohíbe el uso de armas militares para controlar a la población civil, exige democráticamente la renuncia de un funcionario público que si bien fue elegido en un proceso de cuestionada transparencia, no es el caso, demuestra ser un mal funcionario y requiere su remoción inmediata por el bien del país.

Mientras al gobierno tiende falsos puentes de dialogo, reprime despiadadamente, sigue demostrando intolerancia y con descaro aplica la consigna de “a dios rogando y con el mazo dando” y bien duro por cierto. Hoy el país en su locura pide ser escuchado en su queja, de paciente y enfermo mental, e implora por su pacificación, dice basta de premiar al hampa y reprimir a los ciudadanos víctima de ella. Es una sociedad que en medio de su locura desbordada saca la cabeza, pide cordura y restitución de los valores democráticos de convivencia ciudadana.

El gobierno apuesta al desgaste, con su títere vociferando en medio del carnaval más extendido de la historia republicana, minimizando las protestas, subestimándolas, haciendo lobby internacional y chantajeando gobiernos débiles o dependientes de las dadivas robolucionarias, cobrando favores y canjeando regalías por apoyo incondicional, secuestrando la información, combatiendo con cadenas abusivas, silenciando medios y dando versiones oficiales por VTV y Telesur, aprovechando la poca cobertura permitida y el cerco informativo, insultando, culpando, inventando escenarios, tendiendo la mano para demostrar disposición y lavar la imagen a nivel internacional mientras sigue aplastando con la bota militar al pueblo que perdió el miedo y ya no quiere ser manso, ni hacer colas, ni sacrificarse a costa de tener una falsa patria.

De febrero del 89 a febrero de 2014, 25 años de distancia y las mismas circunstancias.

Hoy tenemos otro febrero de llanto. Puede parecer que los mecanismos de protesta sean desproporcionados, pero la presencia en la calle continua y la represión avanza, es una carrera de resistencias a ver quién se marcha primero o se cansa antes. Los débiles hilos del dialogo y aproximación se desvanecen en la realidad de la calle que arde.

Jesús Zurita Peralta. CI: V- 6.625.245

(28 de feb-2014)


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