La enfermedad por HPV, las displasias.

La motivación  inicial  para estudiar  el HPV, se origina en   su  relación  directa entre la presencia del virus y una patología indolente  que afortunadamente gracias a las  campañas de cribado, es cada vez es menos frecuente,   el cáncer de cuello uterino.

Siempre se pensó que el cáncer de cuello del útero se comportaba epidemiológicamente como si en su origen estuviera comprometido un agente  que  se transmitiese sexualmente, las investigaciones  eventualmente llevaron   a establecer que  el Virus del Papiloma Humano era la condición necesaria  para que se produjeran la mayoría de los cánceres  epiteliales del cuello de la matriz.

Se trata de una condición necesaria pero no suficiente, quiere decir que tiene que estar presente para  que se desarrolle la enfermedad, pero la mayoría de las personas que sufren la infección jamás desarrollarán un cáncer. Son necesarios otros factores para que se produzcan los cambios celulares  que llevan al desarrollo del cáncer

Además,   ahora sabemos que el virus puede    afectar otros epitelios, tanto en hombres como en mujeres.

Se trata de un  virus  que tiene  afinidad por la piel y las mucosas, más o menos  el 75 % de las cepas,  causan las verrugas vulgares de la piel, sin relación con patología oncológica.

Alrededor del 25 % de las cepas del virus pueden afectar las mucosas,  estos son los epitelios húmedos que recubren las cavidades naturales o los órganos que están en contacto con el exterior, como las vías respiratorias y las partes inicial y final del tubo digestivo.

Ya vimos en el post anterior que se trata  de una cuestión de afinidad por receptores celulares, algunas de las cepas  que  tienen afinidad  por  las mucosas,  se han relacionado con  la posibilidad de desarrollar un  cáncer.

La causa de la afectación del cuello del útero por ciertas cepas del virus está en relación con un proceso normal que suele ocurrir en el cuello de la matriz:   la metaplasia,  el cambio de un epitelio por otro,  en el cuello del útero  existen  dos epitelios, uno glandular delicado,  que responde a los estímulos hormonales y otro más firme poliestratificado, que es  el que recubre la vagina y gran parte del  cuello uterino.

La exteriorización de éste epitelio glandular, por fuera del canal cervical hacia la superficie externa del cuello se relaciona con  los ciclos hormonales, algunos   anticonceptivos hormonales utilizados por tiempo prolongado (los que tienen una hormona llamada estrógeno),  producen un estímulo para que ése epitelio delicado se exteriorice,  predisponiendo a mayor superficie de metaplasia.

La exposición de ése epitelio glandular al medio de la vagina,  produce una respuesta que busca protegerlo de lesiones, que  es cambiarlo por el epitelio más fuerte, ahora bien este epitelio de transición (Metaplásico), tiene células basales que se dividen rápidamente e intensamente.

Esa división celular acentuada, hace que si se cumplen las condiciones  necesarias (Infección por ciertas cepas del virus), junto con otros factores (genéticos, de las defensas, ambientales,  tabaco), puede condicionar que algunas de ellas,  pierdan su capacidad de control de la división celular, que si no es erradicada por el sistema  inmunológico, puede hacer que se desarrolle un proceso que inicia allí mismo en el epitelio y se denomina displasia o neoplasia intraepitelial.

Proceso que se caracteriza por un crecimiento celular desordenado, pero sin ir más allá del epitelio totalmente localizado y limitado del resto del cuerpo por una capa firme que se denomina membrana basal.

Cuando estás células  displásicas, adquieren la capacidad de invasión y logran  ganarle la lucha al sistema inmunológico,  rompen  la membrana  basal y es cuando se considera que aparece el cáncer. Este proceso sabemos que suele tardar de lustros a décadas.

El efecto de algunos anticonceptivos hormonales  sobre el epitelio glandular,  es lo que ha hecho que se asocien  con las displasias y eventualmente con el cáncer de cuello uterino. No quiere decir que se hayan de retirar los anticonceptivos hormonales del mercado, en presencia de revisiones  periódicas, normales  tal vez no sea necesario  que las usuarias de éstos métodos para evitar el embarazo,  se deban preocupar por este asunto. Sin embargo se recomienda que las  que tienen alguna displasia  diagnosticada, utilicen algún otro método anticonceptivo, puesto que algunos anticonceptivos hormonales, podrían retrasar  la erradicación del problema del cuello uterino.

Igualmente pasa con el hábito de fumar, pero por un motivo diferente, que tiene que ver con la exposición de las células  de rápida división  a  los  más de 90  carcinógenos  potenciales que se producen en el humo del tabaco y que pasan a la sangre y son transportados directamente  allí donde mejor puedan ejercer ése efecto.

En otro orden de ideas  se ha visto que   el uso de preservativo durante la fase activa de la enfermedad por HPV, disminuye el tiempo necesario para la erradicación del virus, tal vez evitando la reinfección que producen los microtraumas sobre un tejido afectado.

El epitelio metaplásico sólo está presente en el cuello uterino  en la mujer  y en la mucosa anal de las mujeres y de los hombres. Además  el fenómeno se puede presentar en cualquier epitelio glandular expuesto a condiciones  adversas, como ocurre en los pulmones de los fumadores.

La displasia   tiene varios  grados y suelen ser  progresivos, grado I cuando afecta el tercio inferior del epitelio solamente,  grado II cuando afecta dos tercios del epitelio, grado III cuando afecta todo el grosor del epitelio.

Nótese que estas lesiones  no significan que se trate de un cáncer, son lesiones que si no se tratan en un período de lustros  a décadas, en una minoría de los casos, pueden llegar a desarrollarlo. El problema está es que de momento no hay manera de saber quienes de los que tienen una displasia, desarrollarán un cáncer; así que a todos los que tienen displasia, han de ser  tratados como si fuesen a desarrollar un mal mayor y de ésa manera evitamos el cáncer. O al menos éste es el razonamiento que se hace servir para la patología  que se presenta en el  cuello del útero.

La ausencia de éste epitelio metaplásico en el órgano genital masculino, es lo que hace que  la frecuencia de cáncer de pene sea muchísimo menos frecuente. Sin embargo se ha visto un aumento en la frecuencia de  cáncer de ano y recto en parejas que tienen relaciones con ano receptor.

La detección de las personas que tienen una displasia  (que son la minoría de los infectados por el virus), es lo que guía las estrategias de cribado para evitar el cáncer. Cada caso diagnosticado de cáncer de cuello uterino, implica un fallo de los programas de evaluación del mismo, puesto que se cuenta con una ventana de intervención y con las herramientas para evitarlo, suficientemente extendidas, al menos en los países desarrollados.

A groso modo ésta ha sido  la estrategia de prevención del cáncer de cuello uterino, estrategia que se ha ido ampliando a otros  aspectos de la infección por HPV. Y en personas de riesgo de cáncer ano rectal. Y que constituye uno de los principales éxitos de la epidemiología del siglo pasado.

Ya existen en uso otras estrategias de prevención como las vacunas  contra el HPV,  que ya hemos tocado en otros posts y que a raíz  de la nueva vacuna nonavalente,  tocaremos nuevamente en una próxima entrega.

Están tomando relieve otras infecciones  del virus que tienen potencial oncogénico,  como es su relación con el cáncer de boca y faringe y con el  cáncer de ano y recto y la infección por el virus de las  vías respiratorias  que amplia el  espectro de posible afectación del virus. Y que abren un interesante campo en la relación beneficio costo del uso de las vacunas y en la disminución de la morbilidad que causa este vecino, que seguramente  tiene conviviendo con nosotros desde el principio de los tiempos y donde  la aparición de la enfermedad tal vez sea  una pérdida de un equilibrio frágil  tal vez genético, entre algunos individuos y algunas cepas del virus  en particular.

La presente entrada sólo trata de explicar de manera sencilla el desarrollo de patología cancerosa, en una minoría de todos los que se infectan por el virus, la infección por el virus es  muy frecuente en nuestra especie,  y afortunadamente sólo una minoría de los infectados desarrollará una enfermedad  potencialmente grave.

Se ha de tener claro de que con un control y seguimiento adecuado,  es muy improbable que cualquier persona  desarrolle un problema mayor. Recuerde  siempre que ante cualquier duda, lo mejor es consultar a su proveedor de salud de confianza.

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